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Trump no ganará, pero Hillary no es una Hermana de la Caridad-José Mujica

jose-mujicaJosé Mujica, ex presidente de Uruguay, presentó su libro “Una oveja negra al poder” en la Biblioteca Vasconcelos de la Ciudad de México el 15 de octubre/2016, en una conferencia en donde habló, entre otros temas, de los candidatos a la presidencia de Estados Unidos.

Donald Trump no ganará la presidencia de Estados Unidos, aseguró Mujica, quien, sin embargo, advirtió que Hillary Clinton no es una “hermana de la caridad”, razón por la que América Latina debe construir su propia prosperidad, sin esperar a que se la regale.

“Lo que más me impresiona es la cantidad de gente que sigue a Trump, lo que habla de una gran disconformidad dentro de Estados Unidos, un factor realmente peligroso. Hagamos votos para que no gane Trump, pero eso no quiere decir que Clinton sea una carmelita descalza”.

El ex presidente uruguayo explicó durante la presentación que “la sensación de disconformidad crea condiciones para explicaciones sencillas, equivocadas pero sencillas”.

Las explicaciones en la campaña republicana es que “la culpa la tienen los mexicanos, como en Europa la culpa la tienen los migrantes, y que eso hace peligrar el trabajo para los nativos, baja el salario, etcétera.

Esa película la vimos en 1930 en el mundo y fue lo que condujo desgraciadamente a la historia de Alemania, eso es lo que veo más peligroso en este momento. Trump no va a ganar, pero la enfermedad está y eso es lo más grave”, lamentó José Mujica en el auditorio de la Biblioteca Vasconcelos.

“Hay que aprender a no echarle la culpa a los otros de nuestros propios errores, asumirlos y tratar que las nuevas generaciones después de nosotros no comentan los mismos errores, si acaso que cometan los de su tiempo”, expuso el ex mandatario.

“El imperialismo no va a cambiar, va a seguir siendo imperialismo, los que debemos cambiar somos nosotros. No debemos esperar a que nos regalen la prosperidad, el problema es nuestro”, afirmó Mujica ante el público mexicano.

Fuente: Emeequis

El magnate Trump, aunque según parece es un exitoso empresario, es un pésimo vendedor. No ha sido capaz de controlar su temperamento y presentar (vender) sus famosas tesis a todos los Norteamericanos, no solo a sus adeptos, ya que estos no necesitaban que les vendiera nada, de todas maneras ya le habian andosado su voto.

El muro del que él tanto ha hablado en su campaña, en realidad nunca ha sido un proyecto realizable, desde cualquier punto de vista, económico, político, social, etc, esto porque Mexico seguirá estando en el mismo lugar, vecino de Estados Unidos con o sin Trump. Uno no elimina a su vecino con solo levantar un gran muro. Si muros quería hacer, siendo presidente pudo haber hecho otros tipos de muros mucho mas peligrosos que el muro físico y esto sin decir nada en campaña.

Deportar a todos los inmigrantes que no tienen documentos de residencia legal en Estados Unidos, tampoco ha sido otro proyecto realizable porque esto llevaría casi a la quiebra las finanzas de este pais, tanto por los costos que implica deportar todos estos millones de gente a sus diferentes paises, como por los costos por la perdida de mano de obra que ellos representan a este pais, ademas de la perdida de ingresos por los impuestos que estos de todas maneras ya pagan.

El enemigo mas grande que Trump ha tenido en su campaña, ha sido su propio temperamento, donde su EGO es mas grande que todo el planeta tierra.

Por otro lado La señora Hillary ha sido una vendedora muy habilidosa ya que ha logrado vender su perfil a los Norteamericanos que no son afines a Trump, que al parecer son muchos mas. Ella solo utilizó esta matemática. En su mayor parte, su habilidad (que no es solo suya, sino también de su equipo de asesores) fué plantear un perfil opuesto y debido a la antipatía de los detractores del Sr Trump, simplemente los recogió a todos.

“Del dicho al hecho hay mucho trecho” me decía mi abuelito. Como una buena profesional en “política moderna”, de lo que ha prometido a las diferentes fuerzas de la nación (entre ellas los Latinos) y lo que realmente hará, hay una gran distancia que ni sus propios asesores o el actual presidente (de su mismo partido) se atreverían a determinar. Quien si tiene idea lo que ella pode hacer es el Sr. Putín de Rusia que por razones que él conoce, le teme verdaderamente a esta señora.

La mejor habilidad de esta señora ha sido, acoger a todos los sectores opuestos a su detractor. Como vendedora le doy un 10.

Muchos, como el Sr. Mujica de Uruguay, no estamos a favor de los planteamientos del candidato Trump, pero tampoco con los de la señora Hillary que entre otras cosas no oculta su posición a favor de movimientos en pro del aborto, posición que para cualquiera de las denominaciones cristianas del pais es totalmente incompatible.

¡Que Dios nos ilumine a la hora de elegir a nuestros gobernantes!

Camilo Acosta

Vinculación de las “maras” con los poderes ocultos en las estructuras del estado

pandillas(Estracto de artículo del Instituto de Análisis e Investigación de los Problemas Nacionales de la Universidad de San Carlos de Guatemala IPNUSAC)

Las pandillas o “maras” constituyen un problema social con aristas múltiples. Resaltamos ahora la vinculación que existe entre ellas y los poderes paralelos u ocultos nacidos en la guerra contrainsurgente de décadas pasadas, y que aún sobreviven, en muchos casos ocultos en estructuras del Estado, detentando considerables cuotas de poder económico y político.

Las maras operan en buena medida en función de un mensaje de control social que estos poderes ocultos envían al colectivo. La violencia generalizada sobre el país, fundamentalmente sobre determinadas zonas urbanas, tiene una lógica propia derivada de un entrecruzamiento de causas, pero al mismo tiempo responde a la implementación de planes trazados por determinados centros de poder donde ellas se han convertido en nuevo “demonio”, supuesta causa de todos los problemas, justificando así la aplicación de políticas represivas.

Las maras funcionan como familia sustituta de numerosos jóvenes que proceden de hogares disfuncionales. El motivo por el que un joven, o un niño -dado lo prematuro de las edades con que se hace el pasaje de incorporación- ingresa a una mara, denota una sumatoria de causas: hay un trasfondo de pobreza estructural e histórica sobre el que se articula una cultura de violencia dominante, impuesta ya como norma en la historia del país, fortalecida con un conflicto armado que alcanzó ribetes de crueldad indecibles y que sigue sirviendo como pedagogía del terror, a lo que se suman impunidad, debilidad o ausencia de políticas públicas por parte del Estado, diferencias económicas irritantes entre los sectores más favorecidos y la gran masa de pobres y excluidos, ruptura de los tejidos sociales producto de la guerra interna, de la masiva movilidad del campo hacia la ciudad y de la salida desesperada hacia el extranjero como vía de escape a la pobreza crónica con la repatriación forzada de muchas de esas personas en condiciones que agravan la ya precaria situación nacional.

Todo esto ya es sabido suficientemente. La academia lo ha venido estudiando desde hace un buen tiempo disponiéndose de mucho conocimiento al respecto, lo cual, lamentablemente, no se traduce en respuestas efectivas por parte del Estado con la implementación de políticas sostenibles y de largo alcance. Las maras, por tanto, siguen siendo criminalizadas y vistas como causa, no como consecuencia.

Dichas maras han venido cambiando su perfil en el tiempo, aumentando su agresividad, tornándose mucho más crueles que en los momentos de su aparición en la década de los 80 del siglo pasado. Ello responde a una transformación nada azarosa. Los llamados grupos de poderes paralelos enquistados en diversas estructuras que siguen operando con lógicas contrainsurgentes, aprovechan a estos jóvenes para sus operaciones delictivas. Pero más aún: en un proyecto semi-clandestino, desde ciertas cuotas de poder que esos grupos detentan, las maras constituyen un brazo operativo y funcional que sirve a sus intereses de proyección político-económica en tanto grupos de poder, disputándole terreno incluso a fuerzas sociales tradicionales.

Las maras están sobredimensionadas. Los medios masivos de comunicación han hecho de ellas un problema de seguridad nacional con lo que se alimenta un clima de zozobra donde esos poderes ocultos, semi-clandestinos, navegan perfectamente, aprovechándose de la situación. El miedo, el terror a las maras que se ha ido creando, es funcional a un proyecto de inmovilización social, de control contrainsurgente que guarda vínculos con lo vivido años atrás durante el conflicto armado interno en el marco de la Doctrina de Seguridad Nacional y combate al enemigo interno. Podría describirse la dinámica como: “de la casa al trabajo y del trabajo a la casa. Cero organización comunitaria, generalizada desconfianza del otro, clima de paranoia social”.

Contextualizando el problema
Las maras existen en Guatemala desde hace ya más de tres décadas. En ese lapso de tiempo fueron evolucionando grandemente, y las primeras experiencias de los años 80 del siglo pasado, cuando grupos de muchachos defendían a puño limpio sus territorios en las colonias populares, ya no tienen nada que ver con su perfil actual.

Hoy por hoy, estos grupos juveniles pasaron a ser un enemigo público de proporciones gigantes. Y justamente ahí viene la pregunta que motiva el presente texto: ¿son realmente las maras el problema a vencer en nuestra empobrecida sociedad post guerra, o hay ahí ocultas agendas mediático-políticas?

La insistente prédica de los medios masivos de comunicación ya desde hace años nos convenció que la violencia (identificada sin más con delincuencia) nos tiene de rodillas. De esa cuenta, sin análisis crítico de la cuestión, las maras se han venido presentando en forma creciente como uno de los grandes problemas nacionales. Una simple lectura de los hechos indica que, en todo caso, el problema de fondo no son estos jóvenes en sí mismos sino las causas por las que se convierten en transgresores. De hecho, nadie sabe a ciencia cierta cuántos mareros hay. Llamativo, sin dudas. Las estimaciones van desde 3,000 hasta 200,000. Si de un problema de tal magnitud nacional se trata, ¿cómo sería posible que nadie tenga datos ciertos?

Hoy por hoy, sus actos constituyen a veces demostraciones de la más espantosa crueldad y falta de solidaridad: matan, violan, descuartizan a sus víctimas, extorsionan. Ahora bien: ¿por qué se fue dando ese paso de grupo barrial juvenil a “demonio” temido, problema de seguridad nacional, con valor casi de nueva plaga bíblica?

¿Cómo es posible que un número no determinado, siempre impreciso de jóvenes marginalizados, subalimentados, con escasa o nula educación formal, provenientes de barriadas pobres, viviendo siempre en situaciones de aguda carencia, de precariedad extrema, pobremente equipados -en términos comparativos con las fuerzas armadas regulares-, sin ningún proyecto real de transformación político-social, tengan en vilo a toda una sociedad? ¿No es posible, si se trata de un problema de seguridad, que las fuerzas armadas oficiales den cuenta del fenómeno, que puedan controlar esa expresión de violencia desbordada? Cuesta creer que estos grupos de jóvenes rebeldes constituyan un problema tan serio.

Ello fue lo que motivó poner en marcha las preguntas que aquí compartimos, y que sin duda podrían generar una investigación mucho más exhaustiva, realizada con el rigor de un estudio de ciencias sociales metodológicamente encarado.

Pero hay una intuición que complejiza las cosas: Guatemala aún está intentado salir -sin saberse con exactitud cuánto tiempo durará eso- de un clima post bélico que pareciera tender a perpetuarse. En concreto, hace ya cerca de dos décadas que se firmó formalmente la paz entre los grupos militarmente enfrentados: el movimiento revolucionario armado y el ejército nacional. Sin embargo el clima de militarización y de guerra continúa. Las maras se inscriben en esa lógica.

Ahora bien: distintos indicios (por ejemplo, esa transformación que han ido teniendo en el tiempo, su papel hiperdimensionado en los medios de comunicación como nuevo demonio -lo que ayer era el guerrillero, el “delincuente subversivo”, hoy lo es el marero: la afrenta a la sociedad pacífica-, ciertas coincidencias llamativas en la esfera política) llevan a pensar que hay algo más que un grupo de jóvenes transgresores.

Las maras, si bien tienen una lógica de funcionamiento propia, no son precisamente autónomas. Responden a patrones que van más allá de sus integrantes, jóvenes cada vez más jóvenes, con dudosa capacidad gerencial y estratégico-militar como para mantener en vilo a todo un país. ¿Están manejadas por otros actores? ¿Quién se beneficia de estos circuitos delincuenciales tan violentos? ¿Cuántos mareros existen en el país? Si tanto dinero manejan ¿por qué los mareros continúan viviendo en la marginalidad y la pobreza?

El tema en cuestión es delicado, álgido, particularmente espinoso. Al estudiar las maras se rozan poderes que funcionan en la clandestinidad, que se sabe que existen pero no dan la cara, que siguen moviéndose con la lógica de la contrainsurgencia que dominó al país por décadas durante la guerra interna. Y esos poderes, de un modo siempre difícil de demostrar, se ligan con las maras. En otros términos: las maras terminan siendo brazo operativo de mecanismos semi-clandestinos que se ocultan en los pliegues de las estructuras del Estado, que gozan de impunidad, que detentan considerables cuotas de poder, y que por nada del mundo quieren ser sacados a la luz pública. De ahí la peligrosidad de intentar develar esas relaciones.

¿Quién se beneficia de las maras?
Se trata de un fenómeno urbano, pero que tiene raíces en la exclusión social del campo, en la huida desesperada de grandes masas rurales de la pobreza crónica de aquellas áreas, que se articula a su vez con la violencia de la guerra interna que asoló al país años atrás y que dio como consecuencia: 1) una cultura de violencia e impunidad que se extendió por toda la sociedad y aún persiste, ya vuelta “normal”, y 2) la salida del país de innumerable cantidad de población que, tanto por la guerra interna como por la situación de pobreza crónica, marchó a Estados Unidos, de donde muchos jóvenes regresaron deportados portando los valores de una nueva cultura pandilleril, desconocida años atrás en Guatemala.

Comprender a cabalidad de qué se habla cuando nos referimos a las maras no puede desconocer que se trata de algo que surge donde se conjugan muchas causas interactuantes: son los países más pobres del continente, con estructuras económico-sociales de un capitalismo periférico que resiste a modernizarse, viniendo todos ellos de terribles procesos de guerras civiles cruentas en estas últimas décadas, con pérdidas inconmensurables tanto en vidas humanas como en infraestructura, las cuales hipotecan su futuro. A lo cual se suman, como elementos que retroalimentan lo anterior: la enorme desigualdad económico-social de sus poblaciones, la debilidad del Estado, la destrucción del tejido social a causa de los conflictos y la emigración-deportación, más la herencia y la cultura de la impunidad dominantes. La pobreza, en tal sentido, es un telón de fondo que posibilita toda esa sumatoria de procesos, pero debe quedar claro que no es ni la única ni la principal causa del surgimiento de las pandillas, pues si no se la estaría criminalizando peligrosamente.

O, en todo caso, surgen en los sectores más empobrecidos (inmigrantes latinos, poblaciones afrodescendientes) de una gran economía como es Estados Unidos, lugar desde donde la cultura pandilleril se difunde hacia los países más carenciados del continente, en buena medida por las deportaciones que realiza el gobierno federal de aquella nación.

El análisis objetivo de la situación permite comprobar que se ha venido operando una profunda transformación en la composición y el papel social jugado por las maras. De grupos de defensa territorial, más cercanos a “salvaguardar el honor” de su barrio, han ido evolucionando a brazo indispensable del crimen organizado. En estos momentos, existen sobrados argumentos que demuestran que ya no son sólo grupos juveniles delincuenciales que entran en conflicto con la ley penal en función de satisfacer algunas de sus necesidades (drogas, alcohol, recreación, teléfonos celulares de moda, vestuario, etc.). Por el contrario, terminan funcionando como apéndice de poderes paralelos que los utilizan con fines políticos. En definitiva: control social.

Los mareros, cada vez más, deciden menos sobre sus planes, y en forma creciente se limitan a cumplir órdenes que “llegan de arriba”. El sicariato, cada vez más extendido, está pasando a ser una de sus principales actividades. Son llamativamente violentas, a veces con grados de sadismo que sorprende. La violencia es una posibilidad de la especie humana en cualquier cultura, en cualquier posición social, en cualquier edad. No es, en absoluto, patrimonio de los jóvenes. Quienes deciden la guerra, la expresión máxima de la violencia (y se aprovechan de ella, por cierto), no son jóvenes precisamente. Eso nunca hay que olvidarlo.

La noción popularmente extendida que ser joven es muy fácilmente sinónimo de ser violento. Y ser joven de barriadas pobres es ya un estigma que condena. La pobreza, en vez de abordarse como problema que toca a todos, como verdadera calamidad nacional que debería enfrentarse, se criminaliza. Si algo falta hoy en los planes de gobierno, son abordajes preventivos. De esa forma la mara pasó a estar profundamente satanizada: la mara devino así, al menos en la relación que se fue estableciendo, una de las causas principales del malestar social actual. La mara -¡y no la pobreza ni la impunidad crónica!- aparece como el “gran problema nacional” a resolver.

Se hacen presente ahí agendas calculadas, distractores sociales, cortinas de humo: ¿pueden ser las pandillas juveniles violentas el gran problema a resolver en un país con altos niveles de desigualdad y en post guerra, en vez de enormes cantidades de poblaciones por debajo de la línea de pobreza? ¿Pueden ser estos grupos juveniles violentos la causa de la impunidad reinante o son ellos, en todo caso, su consecuencia? El problema es infinitamente complejo, y respuestas simples (“buenos” versus “malos”) no ayudan a resolverlo.

Si fue posible desarticular movimientos revolucionarios armados apelando a guerras contrainsurgentes que no temieron arrasar poblados enteros, torturar, violar y masacrar para obtener una victoria en el plano militar, ¿es posible que realmente no se puedan desarticular estas maras desde el punto de vista estrictamente policíaco-militar? ¿O acaso conviene que haya maras? Pero, ¿a quién podría convenirle?

Consecuencia y no causa
En la génesis de cualquier pandilla se encuentra una sumatoria de elementos: necesidad de pertenencia a un grupo de sostén que otorgue identidad, la dificultad en su acceso a los códigos del mundo adulto; en el caso de los grupos pobres de esas populosas barriadas de donde provienen, se suma la falta de proyecto vital a largo plazo. Esta falta de proyecto de largo aliento es más fácil encontrarlo en los sectores pobres que en los acomodados: jóvenes que no hallan su inserción en el mundo adulto, que no ven perspectivas, que se sienten sin posibilidades para el día de mañana, que a duras penas sobreviven el hoy, jóvenes que desde temprana edad viven un proceso de maduración forzada, trabajando en lo que puedan en la mayoría de los casos, sin mayores estímulos ni expectativas de mejoramiento a futuro, pueden entrar muy fácilmente en la lógica de la violencia pandilleril, que supuestamente otorga bondades, “dinero fácil”, reconocimiento social. “Bondades”que encierran una carga mortal. Una vez establecidos en ese ámbito, por una sumatoria de motivos, se va tornando cada vez más difícil salir.

Lo que suele suceder con estos grupos es que, en vez de ser abordados en la lógica de poblaciones en situación de riesgo, son criminalizados. Tan grande es esa criminalización, que eso puede llevar a pensar que allí se juega algo más que un discurso adultocéntrico represivo y moralista sobre jóvenes en conflicto con la ley penal.

¿Hay algo más tras esa continua prédica? ¿Es creíble acaso que grupos de jóvenes con relativamente escaso armamento, comparado con lo que dispone el Estado y sin un proyecto político alternativo -ya que no intentan subvertir ningún orden social- se constituyan en un problema de seguridad nacional en varios países al mismo tiempo, que puedan movilizar incluso los planes geoestratégicos de potencias militares extra-regionales? De hecho Estados Unidos en innumerables ocasiones se refirió a las maras como un problema de seguridad que afecta la gobernabilidad y la estabilidad democrática de la región y preocupa a su gobierno central en Washington. ¿Qué lógica hay allí?

Realmente ¿Que son las pandillas?
Las maras o pandillas no son una alternativa a los poderes constituidos, al Estado, a las fuerzas conservadoras de las sociedades. No son subversivas, no subvierten nada, no proponen ningún cambio de nada. Quizá no sean funcionales en forma directa a la iniciativa privada, a los grandes grupos de poder económico, pero sí son funcionales para ciertos poderes (poderes ocultos, paralelos, grupos de poder que se mueven en las sombras) que las utilizan. En definitiva, son funcionales para el mantenimiento sistémico como un todo, por lo que esos grandes poderes económicos, aunque no se benefician en modo directo, terminan aprovechando la misión final que cumplen las maras, que no es otro que el mantenimiento del status quo. Pero esto hay que matizarlo: no son los poderes tradicionales quienes las utilizan (la cúpula económica tradicional, la aristocracia histórica ligada a la agroexportación, los grandes detentadores de las fortunas más abultadas) sino los nuevos poderes ligados a estructuras estatales y que continúan con el Estado contrainsurgente creado durante el conflicto armado interno, en general vinculados a negocios fuera de la ley (contrabando, trata de personas, narcoactividad, crimen organizado). Es decir, aquello que son llamados “poderes paralelos u ocultos”.

Las maras no son delincuencia común. Es decir: aunque delinquen igual que cualquier delincuente violando las normativas legales existentes, todo indica que responderían a patrones calculadamente trazados que van más allá de las maras mismas. No sólo delinquen sino que, esto es lo fundamental, constituyen un mensaje para las poblaciones. Esto lleva a pensar que hay planes derivados de las perversiones o “patologías sociales” a las que da lugar la contrainsurgencia y los poderes paralelos cuando se quiere seguir utilizando los mecanismos ilegales e impunes que le son propios en el marco de gobiernos democráticos.

Son un flagelo, pero afectan la funcionalidad general del sistema económico-social. En todo caso, son un flagelo para los sectores más pobres de la sociedad, donde se mueven como su espacio natural: barriadas pobres de las grandes urbes. Es decir: golpean en los sectores que potencialmente más podrían alguna vez levantar protestas contra la estructura general de la sociedad. Sin presentarse así, por supuesto, cumplen un papel político. El mensaje, por tanto, sería una advertencia, un llamado a “estarse quieto”.

No sólo desarrollan actividades delictivas sino que, se constituyen como mecanismos de terror que sirven para mantener desorganizadas, silenciadas y en perpetuo estado de zozobra a las grandes mayorías populares urbanas. En ese sentido, funcionan como un virtual “ejército de ocupación”. Un abogado entrevistado, que defiende mareros, afirmaba: “La mara sirve a los poderes en tanto sistema, porque no cuestionan nada de fondo sino que ayudan a mantenerlo. Por ejemplo: ayudan a desmotivar organización sindical. O a veces se infiltran en las manifestaciones para provocar, todo lo cual beneficia, en definitiva, al mantenimiento del sistema en su conjunto”. Y una investigadora del tema afirmó: “En muchas colonias populares ya no se ve gente por la calle, porque es más seguro estar encerrado en la casa. Ya no hay convivencia social: hay puro temor. (…) Todo indicaría que esto está bien pensado, que no es tan causal. La mara nunca es solidaria con la población del barrio. Al contrario: la perjudica en todo, cobrando extorsión, y hasta obstaculizándola en su locomoción”.

Disponen de organización y logística (armamento) que resulta un tanto llamativa para jovencitos de corta edad; las estructuras jerárquicas con que se mueven tienen una estudiada lógica de corte militar-empresarial, todo lo cual lleva a pensar que habría grupos interesados en ese grado de operatividad. Es altamente llamativo que jovencitos semi-analfabetas, sin ideología de transformación de nada, movidos por un superficial e inmediatista hedonismo simplista, dispongan de todo ese saber gerencial y ese poder de movilización. Al respecto relató uno de los entrevistados, un ex pandillero: “En este momento ya casi no están lideradas por jóvenes. No son jóvenes los que dan las órdenes. En otros tiempos se hacían reuniones con chavos de todas las colonias donde se tomaban decisiones, y eran todos menores de 30 años. Hoy ya no es así. Ya no se hacen esas reuniones, que eran como asambleas, y hay viejos liderando. Ahora las órdenes son anónimas. Hay números de teléfono y correos electrónicos que dan las órdenes a jefes de clica, pero no se sabe bien de quién son. Te llega un correo, por ejemplo, con una orden, una foto y un pago adelantado de $1,500 y ya está. Así se maneja hoy. (…) A veces el mismo guardia de la prisión llega con el marero y le da un teléfono, todo bajo de agua, diciéndole que en 5 minutos lo van a llamar. Tal vez el mismo guardia ni sabe quién va a llamar, ni para qué. Eso denota que ahí hay una estructura muy bien organizada: no va a llegar un guardia del aire y te va a dar un teléfono al que luego te llaman, y una voz que no conocés te da una indicación y te dice que hay $2,000 para eso. Ahí hay algo grueso, por supuesto”. Por lo visto, puede apreciarse que no son sólo jóvenes, cada vez más jóvenes, los que la organizan con ese tan alto grado de eficiencia. Una abogada defensora de pandillas entrevistada expresó: “Antes no tenían esa disciplina, ese grado de organización. Ahora sí, lo que lleva a deducir que algunos factores externos están influyendo ahí. Esa organización sin dudas está diseñada. Constituyen una estructura de poder, y hay gente preparada que la dirige”.

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¿Porque mucha se emigra de El Salvador?

migracion y familia el salvador¿Por qué gente joven y emprendedora, y desde hace bastante tiempo también niños, que tendrían que haber formado las bases de las generaciones productivas venideras siguen emigrando de El Salvador, o de manera más simple: ¿Por qué se van? Las respuestas no son únicas y en el caso de El Salvador han venido cambiando con el curso del tiempo.

Las estadísticas demográficas muestran que durante la década de los setenta del siglo pasado, que es cuando inicia la ola migratoria de El Salvador y que todavía persiste, salieron casi 290,000 personas, en su mayoría jóvenes, que se sentían amenazados debido al recrudecimiento de la represión de parte de los gobiernos militares de turno y a las señales cada vez más evidentes del conflicto armado que se avecinaba.

En la década de los ochenta el número de emigrantes salvadoreños superó las 540,000 personas, influenciadas principalmente por el riesgo de perder la vida derivado del estallido del conflicto armado, como lo evidencia el hecho que los municipios que ahora reportan mayores porcentajes de hogares que reciben remesas, coinciden con aquellos en los que la guerra tuvo su principal teatro de operaciones. En esta década, sin embargo, las razones para emigrar se ampliaron. Comenzaron a darse a pequeña escala casos de reunificación familiar.

Aumentó el número de jóvenes que al no ver mayores oportunidades laborales en el país y ante el entusiasmo que generaba la proliferación de noticias de éxito sobre familiares y amigos que les habían antecedido en la empresa de la emigración optaron por emularles. Desde entonces, también comenzaron a jugar un papel muy importante las redes familiares y comunitarias establecidas, las cuales no solamente proporcionan información a los emigrantes potenciales sobre las marcadas diferencias que existen entre El Salvador y los sitios de destino en cuanto a oportunidades laborales y de remuneración, sino que también les ofrecen acogida temporal y contactos para la obtención de los primeros empleos.

Producto de la incidencia creciente de estos nuevos factores explicativos, durante la década de los noventa el flujo migratorio salvadoreño se elevó a más de 630,000 personas, pese a tratarse de un período en el que se ejecutaron con éxito los Acuerdos de Paz, se registraron altas tasas de crecimiento económico y aumentaron las oportunidades de empleo.

Además, de manera silenciosa, una nueva causa para emigrar del , provocada por las mismas migraciones, se estaba inoculando: el aumento de los niveles de violencia, fenómeno muy relacionado con el debilitamiento de la institución familiar y de las relaciones comunitarias, así como con la creciente deportación de jóvenes con antecedentes penales y vinculados a organizaciones pandilleriles. Esto, unido a que el país dejó de crecer a tasas aceptables y a que apenas genera la cuarta parte de los empleos dignos que necesita, ha dado lugar a que durante los catorce años transcurridos del presente siglo, el tamaño del flujo migratorio se mantenga en más de 60,000 personas por año.

Fuente: revistahumanum.org

El Cancer de la Cultura Light

Estamos bombardeados por una mentalidad que nos invita a la no-trascendencia, a no-complicación y a el no-pensar

Estamos bombardeados por una mentalidad que nos invita a la no-trascendencia, a no-complicación y a el no-pensar

El mundo contemporáneo se ha visto bombardeado por las diferentes ideologías que le incitan a vivir de una manera despreocupada, es decir, sumergirse en una dimensión donde todo se presenta de una manera ligera, la comida, bebidas, golosinas, etc., además con esta serie de productos “Light”, la vida, la convivencia social, los roles de trabajo e incluso las diversiones se realizan sin esfuerzo. Dicho de otra manera, es la invitación a la no-trascendencia, a no-complicarse y a no-pensar.

 

Este tipo de mentalidad tiene un origen especifico ya que, desde hace algún tiempo, los poderosos de este mundo han hecho creer a muchos jóvenes que para alcanzar la felicidad solo se necesita poseer riquezas y disfrutar de los placeres que les ofrece una vida sin complicaciones elevando el egoísmo y promoviendo leyes antimorales que aparentemente consiguen un reconocimiento y un alto “status” social.

Esta cultura, si así se le puede llamar, a tenido un gran auge en el comportamiento de muchos jóvenes que incluso se le ha denominado “cultura Light” ya que como un cáncer se ha infiltrado en la personalidad de muchos que han optado por un individualismo exagerado, una búsqueda inmediata de satisfacción, el desprecio del prójimo, una escasa profundidad en el abordamiento de un tema, superficialidad, falta de compromiso social o incluso humano, banalidad y liviandad (Marcelo Colussi).

Ahora bien, este “cáncer”, que ataca inmensurablemente el corazón de tantos jóvenes, ha generado que éstos vivan en un sinsentido y solo se dejen llevar por lo más fácil y cómodo y que simplemente no encuentren un por que y un para que.

Otro slogan de esta “cultura” es:  “haz lo que quieras”  una frase que desemboca en un libertinaje que asfixia la esperanza y se proyecta a un “nihilismo”, es decir, a la nada. Se trata de un “nada te preocupe”, “nada vale la pena”, “nada tiene sentido” etc., tantas consignas que solo orillan a la muerte de los ideales y de la trascendencia.

Esta “onda Light” ha ganado ya varios ambientes de la sociedad, tornándose una subjetividad donde todo es permitido sin importar el Bien Común. Además el aceptar todo con resignación han hecho caer al hombre en un consumismo exacerbado, es decir, buscar la felicidad y la realización solo en lo material como si eso fuera lo perdurable.

Es por eso que en este contexto de ideologías negativas que pisotean la dignidad de la persona humana, los jóvenes no podemos quedarnos con los brazos cruzados, sino, siempre caminar con ideales firmes, metas altas y sobre todo la convicción de que hemos sido creados por Dios para cumplir una misión. El reto de encontrar la autentica felicidad a base de esfuerzo, lucha constante, trabajo y sobre todo la confianza en Él.

Los jóvenes no debemos dejarnos llevar por la mentalidad egocéntrica de unos cuantos y contrarrestar esa cultura opresora de los valores llevando como estandarte la civilización del amor. Civilización que implica un enriquecimiento en la vida espiritual y permite que la inteligencia de la cual fue dotada cada persona alcance sus potencialidades y logre encontrar la verdad expresada en los sentimientos de amistad y amor que se demuestran en la donación diaria a sabiendas que la relación humana es la vocación primera y de allí asimilar las responsabilidades propias como son: la participación en los deberes políticos, el bien común, la justicia social, el respeto de la persona humana, el fomento de valores y la defensa de la vida.

Artículo original:  http://www.es.catholic.net/jovenes/135/1943/articulo.php?id=59293

Comunicado de los ex-trabajadores de Tutela Legal del Arzobispado de San Salvador

tutela-legalAnte el segundo comunicado emitido el día viernes 4 de octubre por el señor Arzobispo de San Salvador, nos extraña sobremanera el cambio de razón que aduce para el cierre de Tutela Legal del Arzobispado.

 

La labor de Tutela se basaba en proyectos sociales avalados por el señor Arzobispo, contando con constantes auditorías internas y externas puestas por los mismos cooperantes y la administración del Arzobispado. y que en ningún momento señalaron resultados negativos.

Las cuentas de los fondos de cada proyecto están a nombre de la Arquidiócesis, y para retirar cualquier fondo se requería la firma mancomunada de dos monseñores que estaban debidamente autorizados por el Señor Arzobispo. Ninguno del equipo de tutela legal, incluyendo al director tenía autorización de firma para retirar fondos.

Por otra parte, los proyectos eran avalados y reconocidos por el Señor Arzobispo, quien mantenía comunicación con los cooperantes acerca de la adecuada ejecución de los proyectos y sobre el desempeño de Tutela Legal, sin expresar algún desacuerdo para que se continuara con dicha labor.

Además. no es cierto que nos limitamos a la defensa de casos del conflicto armado, sino que Tutela Legal había realizado un esfuerzo por adaptarse a las nuevas exigencias del entorno social atendiendo sin ninguna distinción a víctimas de nuevos casos de violaciones de derechos humanos en la defensa de niños/as, jóvenes, mujeres, hombres y familias, asistencia legal con investigación y acompañamiento jurídico en actuales casos de violencia social, desapariciones, feminicidios, actos arbitrarios, casos de contaminación ambiental y otros. Y para reforzar dicha labor se realizaba acciones para la educación y formación en derechos humanos y la promoción de una cultura de paz a partir de la prevención de violencia en jóvenes, enfocado en la promoción y respeto de derechos juveniles. constitución de defensorías parroquiales, entre otros.

Dicha labor estaba en óptima relación con los cooperantes. destinatarios, beneficiarios y otras personas favorecidas por las actividades desempeñadas, de igual manera se mantenía una relación cordial y favorable con la jerarquía de la Iglesia Católica y con los representantes de la Arquidiócesis de San Salvador a quienes se les apoyaba con acciones notariales y otros servicios extraordinarios a favor de la Iglesia.

Con relación al despido de todo el personal de Tutela Legal aclaramos, que con dicha acción arbitraria se violó una serie de derechos humanos fundamentales, ya que nunca hubo comunicación sobre los motivos del despido y bajo coacción se hizo firmar una declaración jurada por lo cual se establece que este despido no fue satisfactorio.

En nuestra calidad de defensores y defensoras de derechos humanos pedimos que se respeten nuestros derechos según el tenor de los arts. 5, 7. 11 y 13 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos y el art. 2 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos.

Respetamos el derecho de las organizaciones sociales y víctimas a reclamar su derecho en el resguardo y petición del archivo histórico de una manera pacífica y respetuosa.

Agradecemos el apoyo de organizaciones sociales, organismos nacionales e internacionales de derechos humanos, cooperantes, mesas de prevención de violencia y con gran satisfacción por la misma iglesia: grupos pastorales, sacerdotes, religiosas y pueblo en general, por su interés a defender el derecho de la verdad, justicia y reparación de las víctimas.

San Salvador, 6 de octubre de 2013

Cierre de Tutela Legal El Salvador: Manifiesto de la Agencia de Información Fray Tito para América Latina

El cierre de Tutela Legal del Arzobispado pone en riesgo la Memoria Histórica del país. Wilfredo Medrano, José Roberto Lazo, Ovidio Mauricio González y Lening Díaz, ex trabajadores de Tutela Legal

El cierre de Tutela Legal del Arzobispado pone en riesgo la Memoria Histórica del país. Wilfredo Medrano, José Roberto Lazo, Ovidio Mauricio González y Lening Díaz, ex trabajadores de Tutela Legal

Ante el cierre de tutela legal por parte del obispo de San Salvador, Mons. José Luis Escobar Alas

MANIFESTAMOS:

1. Tutela Legal es una herencia histórica que nos dejaran Mons. Oscar Romero y Mons. Rivera Damas; en tal sentido, el pueblo salvadoreño está obligado a conservarla, como un valioso tesoro y, el Señor Arzobispo, como miembro del Pueblo de Dios, tiene una responsabilidad mayor.

2. Durante más de tres décadas, Tutela Legal se ha distinguido por un incansable trabajo en defensa de la justicia, del respeto a los Derechos Humanos y de la dignificación de las víctimas del conflicto armado. El carisma de la Dra. María Julia Hernández, su tenacidad y profesionalismo, lograron hacer de Tutela una institución con reconocimiento internacional. Por eso, consideramos una ofensa a su memoria el cierre de la institución que ella ayudó a fundar y que fuera objeto de sus mayores ilusiones y esfuerzos.

3. Lamentamos y repudiamos la forma (inconsulta, arbitraria, prepotente e intempestiva) con que el Arzobispo de San Salvador ha cerrado Tutela Legal, porque ofende la dignidad de las trabajadoras y trabajadores de la misma; va en contra de los aires frescos (de sencillez, honestidad, transparencia y diálogo) que el Papa Francisco ha comenzado a difundir en la Iglesia universal; nos parece que el Señor Arzobispo no ha actuado como “buen pastor” sino como un “mal funcionario”, contradiciendo así la exhortación del Papa a los presbíteros “sean pastores, no funcionarios” (Ordenación sacerdotal, IV Domingo de Pascua, 21 de abril de 2013); no difunde el “aire de la Iglesia” que el Papa Francisco ha propuesto el pasado lunes 30 de septiembre: “Yo lo entiendo, los discípulos querían la eficacia, querían que la Iglesia fuese hacia delante sin problemas y esto puede convertirse en una tentación para la Iglesia: ¡la Iglesia del funcionalismo! ¡La Iglesia bien organizada! Todo en su sitio, pero ¡sin memoria y sin promesa! Esta Iglesia, así, no irá bien: será la Iglesia de la lucha por el poder, será la Iglesia de los celos entre los bautizados y de muchas cosas que se dan cuando no hay memoria ni promesa… Paz y alegría: ¡este es el aire de la Iglesia!” (http://www.zenit.org/es/articles/francisco-en-santa-marta-en-una-iglesia-sin-memoria-el-peligro-es-volverse-funcionarios).

4. Nos parece de poca creatividad pastoral la decisión de Mons. Escobar Alas de cerrar Tutela Legal aduciendo que “ya no tiene sentido pues el enfoque de protección de derechos humanos en tiempo de guerra es distinto al que se puede tener ahora”; le invitamos a discernir los signos de los tiempos y a manifestar mayor sensibilidad humana y pastoral ante las miles de víctimas que han tenido, tienen y seguirán teniendo, en Tutela Legal, su única y gran esperanza de conocer la verdad y alcanzar justicia. Le invitamos a meditar la homilía del Santo Padre en Lampeduza, un mensaje lleno de misericordia, sensibilidad humana frente a las víctimas y de cuestionamientos a nuestras complicidades ante la injusticia actual que ocasiona la globalización: “¿Dónde está la sangre de tu hermano cuyo grito llega hasta mí?”. Hoy nadie en el mundo se siente responsable de esto; hemos perdido el sentido de la responsabilidad fraterna; hemos caído en la actitud hipócrita del sacerdote y del servidor del altar, de los que hablaba Jesús en la parábola del Buen Samaritano: vemos al hermano medio muerto al borde del camino, quizás pensamos “pobrecito”, y seguimos nuestro camino, no nos compete; y con eso nos quedamos tranquilos, nos sentimos en paz. La cultura del bienestar, que nos lleva a pensar en nosotros mismos, nos hace insensibles al grito de los otros, nos hace vivir en pompas de jabón, que son bonitas, pero no son nada, son la ilusión de lo fútil, de lo provisional, que lleva a la indiferencia hacia los otros, o mejor, lleva a la globalización de la indiferencia. En este mundo de la globalización hemos caído en la globalización de la indiferencia. ¡Nos hemos acostumbrado al sufrimiento del otro, no tiene que ver con nosotros, no nos importa, no nos concierne!” (http://www.vatican.va/holy_father/francesco/homilies/2013/documents/papa-francesco_20130708_omelia-lampedusa_sp.html)

4. Por ello, pedimos, a Mons. José Luis Escobar, que reconsidere la medida tomada, que reinstale a las trabajadoras y trabajadores de Tutela Legal, que respete su metodología de trabajo y que dialogue con ellos y las organizaciones del Pueblo de Dios que les apoyan, porque, como ha dicho el Papa Francisco y es doctrina tradicional en la Iglesia: “el diálogo es el camino de la paz” (http://www.vatican.va/holy_father/francesco/speeches/2013/september/documents/papa-francesco_20130930_incontro-pace-s-egidio_it.html)

6. Exhortamos a las organizaciones de la sociedad civil, a las organizaciones del Pueblo de Dios, a la Conferencia Episcopal de El Salvador y al Estado salvadoreño, a conservar y proteger el importante archivo de Tutela Legal que guarda casos emblemáticos de la memoria histórica nacional y, con sus 50,000 expedientes es, único en el país para entender las causas, las consecuencias y las soluciones de la conflictividad que vivió El Salvador y cuyo proceso de reconciliación está aún pendiente. Estos archivos deben estar al servicio del pueblo para su utilización judicial, científica, educativa y espiritual.
“Tutela Legal es la oficina de derechos humanos del Arzobispado de San Salvador, organismo eclesial que tiene el mandato de defender y promover los derechos humanos según nuestras leyes internas, según el sistema interamericano, el sistema de Naciones Unidas y el derecho internacional humanitario, entre otros, recibiendo el mencionado mandato del señor Arzobispo pero laborando con total autonomía e independencia”. (Dra. María Julia Hernández, Acta Notarial firmada en enero de 2007 ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos http://www.corteidh.or.cr/docs/casos/expedientes/mariaj.pdf)
Miércoles 2 de Octubre de 2013

Mons. Raúl Vera López – México Armando Márquez Ochoa
Rvda. Emilie Smith – Canadá El Salvador
Presidencia Secretaría
Consejo Directivo:
Scott Wright (Estados Unidos y Canadá), Maricarmen Montes (México), Conrado Sanjur (Centroamérica), Gabriel Coderch (Caribe), Abilio Peña (Región Bolivariana), Luis Javier Angulo (Cono Sur), Ana Uroz (Estado Español), Alberto Vitali (Europa), Sean Cleary (Asia-Oceanía),
Dom Heriberto Hermes, Obispo Emérito de Cristolandia (Brasil), Miembro Honorario

Publicado con fecha 2 octubre 2013 en el sitio de ADITAL:  http://site.adital.com.br/site/noticia.php?lang=ES&cod=77988

 

¿Es bueno recibir todo regalado?

Cómo anular a una persona
El peor daño que se le hace a una persona es darle todo. Quien quiera anular a otro solo tiene que evitarle el esfuerzo, impedirle que trabaje, que proponga, que se enfrente a los problemas (o posibilidades) de cada día, que tenga que resolver dificultades.

Regálele todo: la comida, la diversión y todo lo que pida. Así le evita usar todas las potencialidades que tiene, sacar recursos que desconocia y desplegar su creatividad.

Quien vive de lo regalado se anula como persona, se vuelve perezosa, anquilosada y como un estanque de agua que por inactividad pudre el contenido.

Aquellos sistemas que por “amor” o demagogia sistemáticamente le regalan todo a la gente, la vuelven la más pobre entre las pobres.

Es una de las caras de la miseria humana: carecer de iniciativa, desaprovechar los talentos, potencialidades y capacidades con que están dotados casi todos los seres humanos.

Quien ha recibido todo regalado se transforma en un indigente, porque asume la posición de la víctima que sólo se queja.

Cree que los demás tienen obligación de ponerle todo en las manos, y considera una desgracia desarrollarse en un trabajo digno. Es muy dificil que quien ha recibido todo regalado, algún día quiera convertirse en alguien útil para sí mismo.

Le parece que todos a su alrededor son responsables de hacerle vivir bien, y cuando esa “ayuda” no llega, culpa a los demás de su “desgracia” (no por anularlo como persona, sino por no volverle a dar). Solo los sistemas más despóticos impiden que los seres humanos desarrollen toda su potencialidad para vivir.

Creen que estan haciendo bien, pero en definitiva están empleando un arma para anular a las personas. Esto no quiere decir que la caridad de una ayuda temporal no sea necesaria en momentos especiales. Escrito por ANA CRISTINA ARISTIZÁBAL URIBE

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