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Las bacterias de nuestro intestino controlan nuestro cerebro

gutsEstamos invadidos por bacterias que viven pacíficamente en nuestro cuerpo, pero si les alteramos y desordenamos su “casa”, se rebelan y nos controlan sin nosotros apenas sospecharlo.

Cada ser humano es un entero ecosistema, donde convivimos en simbiosis con billones de bacterias de miles de especies diferentes.

Sorprendentemente, estas bacterias han sido las grandes olvidadas (aparte de intentar suprimirlas o eliminarlas), a pesar de constituir hasta un 90 % de nuestro cuerpo, quedando tan solo el 10 % restante a las células humanas. Se ha calculado que cada tres células de nuestro cuerpo, dos son bacterias y una es humana, aunque otros trabajos hablan de un ratio que se acerca a 1:1.

Hasta tenemos su peso, en nuestro cuerpo se estima que tenemos alrededor de 200 g de bacterias. No obstante, no se sabe todavía con certeza los números exactos, por lo que existen grandes controversias entre los científicos; de todos modos, todas las cifras propuestas son sorprendentes .

Las bacterias que habitan nuestro sistema digestivo, esta comunidad bacteriana denominada microbiota, interactúan con el sistema endocrino, inmune y nervioso, afectando a nuestro estado físico como mental, o influenciando en el desarrollo de muchas enfermedades.

Desde el mismo momento de la gestación, la microbiota de la madre empieza a cambiar para favorecer el proceso. Todo lo que la madre come, determinará en cierta media los cambios de la microbiota en el recién nacido. Si el parto es vaginal o por cesárea, o la lactancia materna, serán determinantes para adquirir un tipo de poblaciones bacterianas u otras. Estos habitantes microbianos son vitales para el desarrollo del sistema digestivo, metabólico o inmunitario del bebé.

Gran parte de estas investigaciones han sido conducidas por María Domínguez-Bello, microbióloga de la Universidad de Nueva York, que en un estudio publicado en la revista Nature Medicine, destaca la importancia de la microbiota en el momento del nacimiento, apostando que las futuras prácticas médicas lo tendrán más en consideración.

La microbiota o la flora intestinal a medida que crecemos se ve influenciada por la dieta, el entorno, el uso de medicamentos o antibióticos, lo que llamamos hábitos de vida. No se sabe qué especies o qué combinación de especies de bacterias pueden favorecer algunos procesos vitales que pueden verse alterados conduciendo así al desarrollo de enfermedades.

Pero el efecto de la microbiota en nuestra salud va más allá. A pesar de décadas estudiando el cerebro como una identidad independiente, existe una evidente comunicación con el resto del cuerpo, y cómo no, también con el sistema gastrointestinal.

¿Quién media en esta comunicación? Se ha demostrado que la microbiota libera metabolitos que pueden llegar al cerebro, afectando a muchas de sus funciones. Enfermedades neurodegenerativas como el alzhéimer, la enfermedad de Parkinson o la esclerosis lateral amiotrófica, cuyo origen genético representa un pequeño porcentaje, y se desconoce la causa que las provoca en un 90 % de los pacientes.

Se ha descubierto que los procesos que desencadenan estas enfermedades podrían también estar dirigidos por proteínas producidas por nuestra microbiota, como la proteína amiloide.

En el laboratorio del profesor Robert Friedland de la Universidad de Louisville, en Kentucky (EE.UU.) han descubierto cómo la exposición a proteínas bacterianas llamadas amiloides, que tienen una estructura similar a las proteínas del cerebro iniciadoras de muchas enfermedades neurodegenerativas, permiten la formación de agregados en el cerebro de otra proteína, la alfa-sinucleína.

Esta proteína alfa-sinucleína es producida por las neuronas, causándole daños irreparables o incluso muerte neuronal, asociada a la patología de enfermedades neurodegenerativas. Pero cómo estas proteínas producidas por las bacterias en el intestino pueden ser el origen de enfermedades neurodegenerativas sigue siendo una incógnita por resolver.

Friedland tiene la convincente hipótesis de que estas proteínas bacterianas que se producen en nuestro intestino causan agregación de proteínas en el cerebro por medio de un mecanismo llamado “cross-seeding”, que permite empaquetar proteínas elásticas formando acumulaciones de proteínas que no se eliminan y aumentan en número, constituyendo el origen de la enfermedad.

Pero va más allá, él propone que estas proteínas bacterianas causan una bajada de las defensas inmunitarias en el sistema gastrointestinal lo que repercute aumentando la inflamación en el cerebro.

Los estudios del laboratorio de Friedland fueron publicados este mes en la revista del grupo de Nature, Scientific Reports y demostraron que ratones expuestos al amiloide bacteriano desarrollaron alfa-sinucleína agregados en el cerebro, mientras que ratones no expuestos no desarrollaron la enfermedad ni ninguna inflamación en el cerebro.

Sus investigaciones han sido financiadas por la Fundación de Michael J. Fox, dirigida por el mítico actor hollywoodiense protagonista de Regreso al futuro, y afectado por la enfermedad de Parkinson.

Aunque la conexión “cerebro-intestino” se extiende a otras enfermedades. Neurocientíficos han sugerido que existen relaciones con los cambios en la microbiota y patologías neurológicas, como ansiedad, depresión, autismo, o incluso esquizofrenia.

También se ha visto cómo ratones con lesiones cerebrales o medulares se recuperan antes cuando se altera su microbiota, o cómo se produce una recuperación motora y neuropatológica. Uno de los más relevantes científicos en la actualidad que estudian daños cerebrales o medulares es Phillip G. Popovich del Centro de Recuperación de daños cerebrales y medulares en la Universidad del Estado de Ohio (EE.UU.).

Su laboratorio publicó un interesante estudio en la Revista de Medicina Experimental, donde relaciona las alteraciones en el microhábitat de las bacterias que habitan en el tracto gastrointestinal, llamado también disbiosis, con empeoramiento de las lesiones medulares, y por lo tanto con la recuperación motora.

Estas alteraciones pueden estar causadas o bien por el ritmo de vida, el estrés, problemas gastrointestinales o incluso el uso descontrolado de antibióticos. Realizaron un experimento muy curioso: Administraron antibióticos  potentes a ratones  antes de inducirles una lesión medular, y posteriormente a un grupo de ratones se le administró una dieta rica en probióticos enriquecidos con ácido láctico y a otros ratones no.

Curiosamente los ratones alimentados con probióticos respondieron mucho mejor a la fase de recuperación después de la lesión medular y su habilidad motora mejoró considerablemente, y por otra parte esto no ocurrió con los ratones con una dieta normal.

Estos estudios sugieren que la alimentación con probióticos favorece la rápida recuperación después de lesiones medulares, reduciendo los procesos inflamatorios en el sistema nervioso y facilitando la función motora.

Los nuevos tratamientos dirigidos a recuperar daños del sistema nervioso, deberían mirar fuera de él. La microbiota que se aloja en nuestro intestino se comunica con el sistema nervioso directamente interaccionando con el sistema inmunitario o a través de fibras nerviosas, o indirectamente liberando metabolitos que pueden atravesar la barrera hematoencefálica.

El carismático neurocientífico John Cryan de la Universidad de Cork, en Irlanda, demostró en su laboratorio que los ratones aislados de patógenos y con una dieta esterilizada, tenían más neuronas en regiones que controlaban la memoria que los ratones convencionales, sugiriendo el papel de la microbiota en la inducción de la neurogénesis en el estado adulto.

Fuente: investigacionyciencia.es

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Científicos afirman que la “Mente” no está confinada al cerebro y ni siquiera al cuerpo

mindEn algun momento te puedes preguntar lo que está pasando en la mente de otra persona. Puedes complementar la gran mente de alguien, o decir que están fuera de su mente. Incluso puedes intentar expandir o liberar tu propia mente.

Pero, ¿qué es una mente? Definir el concepto es una tarea sorprendentemente resbaladiza. La mente es el asiento de la conciencia, la esencia de tu ser. Sin una mente, no puedes ser considerado significativamente vivo. Entonces, ¿qué es exactamente, y dónde está exactamente?

Tradicionalmente, los científicos han tratado de definir la mente como el producto de la actividad cerebral: El cerebro es la sustancia física, y la mente es el producto consciente de las neuronas de disparo, de acuerdo con el argumento clásico. Pero la creciente evidencia demuestra que la mente va mucho más allá del funcionamiento físico de su cerebro.

Sin duda, el cerebro juega un papel increíblemente importante. Pero nuestra mente no puede limitarse a lo que está dentro de nuestro cráneo, o incluso nuestro cuerpo, según una definición propuesta por Dan Siegel, profesor de psiquiatría en la Escuela de Medicina de la UCLA y autor de un libro recientemente publicado, Mind: A Journey to the Heart of Being Human. (La mente, un viaje al corazón del ser humano).

Primero se  llegó a la definición hace más de dos décadas en una reunión de 40 científicos de todas las disciplinas, incluyendo neurocientíficos, físicos, sociólogos y antropólogos. El objetivo era llegar a una comprensión de la mente que apelara a un terreno común y satisfacer a aquellos que luchaban conpreguntas a través de estos campos.

Después de mucha discusión, decidieron que un componente clave de la mente es: “El proceso emergente de auto-organización, tanto encarnado como relacional, que regula la energía y el flujo de información dentro y entre nosotros”. No es pegadizo. Pero es interesante, y con implicaciones significativas. El elemento más impactante de esta definición es que nuestra mente se extiende más allá de nuestro ser físico.

En otras palabras, nuestra mente no es simplemente nuestra percepción de experiencias, sino esas experiencias mismas. Siegel sostiene que es imposible desentrañar completamente nuestra visión subjetiva del mundo de nuestras interacciones.

Siegel explica que se trata de algo semejante a lo que sucede cuando tratamos de definir qué es la orilla del mar: “no podemos decir que la orilla es el agua o la arena: la orilla es ambas cosas”. No se puede limitar nuestra comprensión de la costa para insistir en que es uno o el otro.

“Comencé a pensar, tal vez la mente es como la costa, algo interior e interproceso. La vida mental de un antropólogo o sociólogo es profundamente social. Sus pensamientos, sentimientos, recuerdos, atención, lo que experimenta en este mundo subjetivo es parte de la mente “.

Esta definición ha sido apoyada desde entonces por la investigación a través de las ciencias, pero mucho de la idea original vino de matemáticas. Siegel se dio cuenta de que la mente encuentra la definición matemática de un sistema complejo en que está abierto (puede influir en las cosas fuera de sí mismo), capaz de caos (que simplemente significa que es aproximadamente distribuido aleatoriamente), y no lineal (lo que significa una pequeña entrada conduce a grandes resultados difíciles de predecir).

En matemáticas, los sistemas complejos se autoorganizan, y Siegel cree que esta idea es la base de la salud mental. De nuevo tomando prestado de las matemáticas, la autoorganización óptima es: flexible, adaptativa, coherente, energizada y estable. Esto significa que sin auto-organización óptima, se llega al caos o la rigidez -una noción que, según Siegel, se ajusta a la gama de síntomas de los trastornos de salud mental.

Por último, la autoorganización exige vincular ideas diferenciadas o, esencialmente, integración. Y Siegel dice que la integración -ya sea dentro del cerebro o dentro de la sociedad- es el fundamento de una mente sana.

Siegel dice que escribió su libro ahora porque ve tanta miseria en la sociedad, y cree que esto es en parte moldeado por cómo percibimos nuestras propias mentes. Habla de hacer investigaciones en Namibia, donde la gente a la que habló atribuyó su felicidad a un sentido de pertenencia.

Cuando se le preguntó a Siegel si pertenecía a Estados Unidos, su respuesta fue menos optimista: “Pensé en lo aislados que están todos y lo desconectados que sentimos”, dice. En nuestra sociedad moderna tenemos esta creencia que la mente es actividad del cerebro y esto significa que el yo, que viene de la mente, está separado y no “pertenecemos” realmente. Pero todos somos parte de la vida de cada uno. La mente no es sólo actividad cerebral. Cuando nos damos cuenta de que es este proceso relacional, hay un cambio enorme en este sentido de “pertenencia” .

En otras palabras, incluso percibir nuestra mente como simplemente un producto de nuestro cerebro, en lugar de relaciones, puede hacernos sentir más aislados. Y para apreciar los beneficios de las interrelaciones, simplemente tienes que abrir tu mente.

Fuente: Quartz

Somos adultos, pero nuestro cerebro no tanto

brainLeah H. Somerville, una neuróloga de la Universidad de Harvard, se encuentra a menudo frente a una audiencia de jueces. Ellos vienen a escucharla hablar sobre cómo se desarrolla el cerebro.

Es un tema del cual dependen muchas cuestiones legales. ¿Qué edad tiene alguien para ser condenado a muerte? ¿Cuándo debe alguien llegar a votar? ¿Puede un joven de 18 años dar su consentimiento informado?

Científicos como la Dra. Somerville han aprendido mucho en los últimos años. Pero el cuadro complejo que emerge de esto, carece de las líneas brillantes que los políticos quisieran.

“A menudo, la primera pregunta que recibo al final de una presentación es, OK., todo está muy bonito, pero ¿cuando está terminado el cerebro? ¿Cuándo se desarrolla? “, Dijo Somerville. Y les doy una respuesta muy insatisfactoria.

La Doctora Somerville expuso el enigma en detalle en un comentario publicado el miércoles en la revista Neuron.

El cerebro humano alcanza su volumen adulto a los 10 años, pero las neuronas que lo componen siguen cambiando durante años. Las conexiones entre las neuronas vecinas al ser podadas de nuevo, emergen como nuevos vínculos entre las áreas más ampliamente separadas del cerebro.

Eventualmente, esta reorganización se ralentiza, una señal de que el cerebro está madurando. Pero sucede a diferentes ritmos en diferentes partes del cerebro.

La poda en el lóbulo occipital, en la parte posterior del cerebro, disminuye a los 20 años. En el lóbulo frontal, en la parte frontal del cerebro, nuevos vínculos se siguen formando a los 30 años, si no más allá. Esto “Desafía la noción de lo que ‘hecho’ realmente significa”, dijo Somerville.

A medida que la anatomía del cerebro cambia, su actividad también cambia. En el cerebro de un niño, las regiones vecinas tienden a trabajar juntas. En la edad adulta, las regiones distantes comienzan a actuar en concierto. Los neurocientíficos han especulado que esta armonía a larga distancia permite al cerebro adulto trabajar más eficientemente y procesar más información.

Pero el desarrollo de estas redes sigue siendo misterioso, y aún no está claro cómo influyen en el comportamiento humano. Los investigadores han encontrado que algunos niños tienen redes neurales que parecen como si pertenecen a un adulto. Pero todavía son sólo niños.

La investigación de la Dra. Somerville se enfoca en cómo los cambios en el cerebro maduro afectan la manera de cómo la gente piensa.

Los adolescentes hacen tan bien como los adultos en las pruebas de cognición, por ejemplo. Pero si están sintiendo fuertes emociones, esas puntuaciones pueden desplomarse. El problema parece ser que los adolescentes todavía no han desarrollado un sistema cerebral fuerte que pueda mentener las emociones bajo control.

Ese sistema puede tomar un tiempo sorprendentemente largo para madurar, según un estudio publicado este año en Ciencias Psicológicas.

Los autores pidieron a un grupo de jóvenes de  18 a 21 años de edadpermanecer en un escáner FMRI (escáner de Imagenes por Resonancia Magnética, por sus siglas en ingles) y mirar a un monitor. Se les indicó que presionaran un botón cada vez que les mostraran caras con cierta expresión, felices en algunas pruebas, asustadas o neutrales en otras.

Y en algunos casos, los participantes sabían que podrían oír un ruido fuerte y retumbante al final del ensayo.

En los ensayos sin el ruido, los sujetos lo hicieron tan bien como una persona promedio de 20 años. Pero cuando esperaban el ruido, lo hicieron peor en esta prueba.

Las exploraciones cerebrales revelaron que las regiones del cerebro en las que se procesa la emoción eran inusualmente activas, mientras que las áreas dedicadas a mantener esas emociones bajo control, eran débiles.

“Los jóvenes parecían adolescentes”, dijo Laurence Steinberg, psicóloga de la Universidad de Temple y autora del estudio.

La Dra. Steinberg estuvo de acuerdo con Dra. Somerville en que la maduración del cerebro estaba demostrando ser un proceso largo y complicado, sin puntos específicos obvios. Sin embargo, piensa que los estudios recientes contienen algunas lecciones importantes para los formuladores de políticas.

Ha propuesto, por ejemplo, que la edad para votar se reduzca a 16. “Los jóvenes de dieciséis años son igual de buenos en razonamiento lógico que los ancianos”, dijo Steinberg.

Los tribunales, también pueden tener en cuenta la poderosa influencia de las emociones, incluso en las personas que promedian los 20 años.

“La mayoría de las situaciones delictivas en las que los jóvenes están involucrados son situaciones emocionalmente exitantes – están asustados, o están enojados, intoxicados o lo que sea”, dijo Dra. Steinberg.

La Dra. Somerville, por otro lado, dijo que estaba reacia a ofrecer sugerencias de políticas específicas basadas en su investigación sobre el cerebro. “Todavía estoy en la etapa de aprendizaje, por lo que dudaría en llamar a cualquier cosa en particular”, dijo.

Pero ella cree que es importante para los científicos obtener una imagen más completa de cómo el cerebro madura. Los investigadores necesitan hacer estudios a gran escala para rastrear su desarrollo de un año a otro, dijo, hasta bien entrados los 20 años o más.

No basta con comparar a las personas con categorías sencillas, como por ejemplo etiquetar a las personas menores de 18 años como niños ya las personas mayores como adultos. “Nada mágico ocurre a esa edad”, dijo la Dra. Somerville.

Fuente: nytimes.com

Estudiar idiomas mejora la salud del cerebro

learnEl ser bilingüe podría ser mucho más ventajoso de lo que imaginas. ¿La razón? De acuerdo con un grupo de investigadores de la Universidad Estatal de Pensilvania, el hablar dos idiomas aumentaría la flexibilidad mental y fortalecería el cerebro.

Los investigadores realizaron dos estudios con el objetivo de evaluar qué tan activos están en la mente de un sujeto bilingüe, los idiomas o lenguas que conoce y domina. En el primer experimento les solicitaron a 27 personas que hablaban inglés y español, que leyeran 512 frases escritas en los dos idiomas y alternadas entre sí. En el documento también había palabras que sonaban y parecían similares en ambas lenguas. La prueba consistió en leerlas lo más rápido y preciso posible, y sin cometer errores. Para el segundo experimento se realizó el mismo procedimiento, pero con todas las oraciones redactadas en un mismo idioma.

Los investigadores concluyeron que en las personas bilingües, los idiomas se mantienen activos en todo momento, lo cual permite que los puedan procesar al mismo tiempo. Pero eso no es todo, también pueden alternarlos sin interrupción alguna entre sí.

Pero, ¿de qué manera se beneficia el cerebro con dicha acción? Según Judith F. Kroll, profesora de Psicología, Lingüística y Estudios de las Mujeres de la Universidad Estatal de Pensilvania, el cambiar de un idioma a otro en forma constante favorece el fortalecimiento del músculo mental y, con ello, la función ejecutiva del cerebro se optimiza.

¿Qué significa esto? Dicho en otras palabras y según lo explica un artículo publicado en el diario The New York Times, el fortalecimiento de la función ejecutiva brinda más capacidad para controlar el entorno. ¿Por qué? Sucede que dicha función se puede comparar con un centro de mando encargado de dirigir los procesos de atención utilizados para solucionar problemas y planificar.

Pero eso no es todo. También estaría relacionada con otros procesos mentales más exigentes, como el ignorar distracciones para mantener la concentración, el cambio de la atención voluntaria de una cosa a otra, y la posibilidad de mantener información en la mente, como por ejemplo, el recordar una secuencia de direcciones mientras conducimos un automóvil.

En ese sentido la investigación es importante, ya que demuestra que contrario a lo que se pensaba a lo largo del siglo XX, el bilingüismo no obstaculiza el desarrollo cognitivo, es decir, no afecta o impide el desarrollo académico e intelectual, en especial durante la infancia.

Investigaciones previas también han demostrado que el hablar más de un idioma mejora ciertas funciones cerebrales. Por ejemplo, un estudio realizado por la doctora Nina Kraus de la Universidad de Northwestern y reseñado en el portal de los Institutos Nacionales de Salud de los Estados Unidos (NIH, por sus siglas en inglés) concluyó que los niños bilingües tienden a ser mejores que los monolingües en las multitareas.

Otra investigación que resalta los efectos positivos del bilingüismo, según lo informó un artículo publicado en el diario The New York Times, fue la realizada por un grupo de científicos de la Universidad de San Diego. Ellos concluyeron que en las personas de la tercera edad con mayor dominio de dos idiomas, parece existir una menor o más tardía incidencia de síntomas relacionados con la demencia senil y el Alzheimer.

Fuentes: The New York Times,Institutos Nacionales de Salud de los Estados Unidos, Universidad Estatal de Pensilvania.

brain idiomasEstudiar un idioma aumenta el tamaño de ciertas regiones cerebrales, ha revelado un estudio llevado a cabo en la Academia de Traductores de las Fuerzas Armadas de Suecia.

En esta Academia, personas jóvenes con facilidad para las lenguas pasan de no tener conocimiento alguno sobre idiomas como el árabe, el ruso o el dari, a hablarlos con fluidez en solo 13 meses. Para conseguirlo, emplean todo el tiempo del día y de la semana en el estudio de dichos idiomas.

Por esta razón, este entorno fue el escogido por investigadores de la Universidad de Lund, en Uppsala, para analizar los efectos sobre el cerebro humano del aprendizaje de un idioma en un corto periodo de tiempo.

Los científicos usaron en su experimento a los reclutas de la Academia de Traductores de las Fuerzas Armadas de Suecia, y también a un grupo de control formado por estudiantes de ciencias cognitivas y de medicina de la Universidad de Umea, es decir, por personas que estudiaban mucho pero no idiomas.

El cerebro crece con el aprendizaje
Según publica la Universidad de Lund en un comunicado los individuos de ambos grupos fueron sometidos a escáneres de imagen por resonancia magnética funcional (IRM), una técnica no invasiva que utiliza el fenómeno de la resonancia magnética para obtener información sobre la estructura y composición del cerebro. Los escáneres fueron realizados antes y después de los tres meses de estudio intensivo de idiomas de la Academia.

Los resultados de estas pruebas demostraron que, mientras que la estructura de los cerebros de los individuos del grupo de control permaneció sin cambios después de este periodo, partes específicas de los cerebros de los estudiantes de idioma sí habían crecido.

Las partes cerebrales que aumentaron de tamaño fueron el hipocampo, una región localizada en la parte medial del lóbulo temporal del cerebro que está relacionada con el aprendizaje y la orientación espacial; y tres áreas de la corteza cerebral.

“Nos sorprendió que diferentes partes del cerebro se desarrollaran en grados diversos, dependiendo del rendimiento de los estudiantes y del nivel de esfuerzo que estos habían dedicado al curso”, afirma Johan Mårtensson, investigador de psicología de la Universidad de Lund y co-autor del estudio.

En concreto, los estudiantes con un crecimiento mayor del hipocampo y de áreas de la corteza cerebral relacionadas con el aprendizaje del lenguaje (el giro temporal superior) presentaron mejores habilidades lingüísticas que el resto de los estudiantes de idiomas.

Además, aquellos estudiantes que se habían esforzado más en aprender, presentaron un mayor crecimiento en una parte de la región motora de la corteza cerebral (el giro frontal medial).

Las regiones cerebrales en las que todos estos cambios tuvieron lugar están relacionadas con la facilidad para aprender idiomas, y presentaron variaciones acordes con el rendimiento individual de los estudiantes, explican los científicos.

Una buena manera de mantener el cerebro en forma
En 2010, otro estudio sobre lenguaje y cerebro reveló que la enfermedad del Alzhéimer tiene un desarrollo posterior en personas bilingües o multilingües.

Realizado por la psicólogo de la Universidad de York en Toronto, Canadá, Ellen Bialystok, esta investigación fue realizada con 102 pacientes con Alzhéimer y bilingües, así como con 109 personas con este mismo trastorno, pero monolingües.

Los resultados obtenidos revelaron que a los individuos bilingües se les había detectado el Alzhéimer, como media, cuatro años después que a los monolingües, según publicó la revista Neurology.

Sobre esta otra investigación, Johan Mårtensson comenta: “Aunque no puedan compararse tres meses de estudio intensivo de idiomas con toda una vida de bilingüismo, hay muchos elementos que sugieren que el aprendizaje de lenguas es una buena manera de mantener el cerebro en forma”.

Referencia: Growth of language-related brain areas after foreign language learning, Johan Mårtensson, NeuroImage, Volume 63, Issue 1, 15 October 2012, Pages 240–244.

Los virus se activan en el cerebro humano

brain-neuronsUn estudio realizado en la Universidad de Lund (Suecia), apunta que esos microorganismos endógenos desempeñan un papel fundamental en nuestro cerebro. ¡Nos hacen mas listos!

Los virus o retrovirus forman un cinco por ciento de nuestro material genético, aunque siempre se ha considerado que era “ADN basura”, o sea, inútil, de relleno. Ahora se corrige este error.

“Hemos observado que los virus se activan específicamente en las células cerebrales y que tienen una función regulatoria. Podría explicar por qué las neuronas son tan dinámicas y versátiles y por qué el ser humano es tan diferente a otras especies”, explica Johan Jakobsson, jefe del equipo que ha llevado a cabo el estudio.

¿Y cuál es la causa de que se activen específicamente en el cerebro? Probablemente, porque en las células nerviosas no se desarrollan tumores, a diferencia de lo que ocurre en otros tejidos.

Este hallazgo abre nuevos caminos al tratamiento y la prevención de tumores, enfermedades neurodegenerativas y trastornos psiquiátricos de origen genético, ya que se tendrán en cuenta regiones del ADN que antes eran consideradas irrelevantes desde el punto de vista patológico.

El impacto en el cerebro al bailar o escuchar música

baileAprender a bailar cualquier estilo no sólo es bueno para nuestro cuerpo, sino también para el cerebro. Los movimientos que se requieren para las coreografías permiten que los músculos generales se impliquen, incluyendo los del lóbulo frontal del cerebro.

Pero  lo mismo ocurre cuando se nos da por bailar frente al espejo o cuando estamos solos en casa y en la radio pasan ese tema que tanto nos gusta.

En nuestro cerebro muchos son los acontecimientos que ocurren mientras estamos bailando. Por ejemplo, se evalúan señales de ubicación en el espacio, se deciden qué músculos estirar y cuáles contraer, se mantiene el equilibrio, se perfeccionan los movimientos, etc.

No hay dudas que bailar es bueno para la salud. Se ha comprobado que contonearte al escuchar cierto tipo de música es la terapia perfecta para huir de la depresión, la tristeza y el estrés. Pero además, sirve para mejorar la capacidad pulmonar y cardíaca, bajar de peso y quitarnos la vergüenza.

Los científicos de la Escuela de Medicina de Nueva York dicen que bailar es la actividad más efectiva para evitar el envejecimiento del cerebro. Está incluida dentro del grupo de tareas que no podemos dejar de realizar, tales como resolver crucigramas o leer. Si aún no practicas nada de ello, no tardes más ya que los doctores dicen que cuánto antes lo hagas, más estimularás los dos hemisferios cerebrales y conservarás tu lucidez.

La gerontología durante años ha tratado de identificar cuáles son las acciones que permiten a las personas no padecer problemas de la ancianidad. Entre las conclusiones a las que llegaron, se encuentran el hecho de bailar asiduamente, sea de manera profesional o casera. La danza o el baile exigen creatividad para realizar cada paso, produciendo reestructuraciones en las estructuras neuronales. Entonces, se recomienda bailar 20 minutos por día cada mañana para llenarse de energía y afrontar la jornada con una gran sonrisa, dejando de lado los problemas.

Los movimientos que se realizan al bailar nos ayudan a liberarnos de las contracturas musculares y dejar de tener la postura erguida. Además, oxigena la sangre, nos ejercitamos y nos divertimos. Como si todo esto fuera poco, bailar mejora la flexibilidad y evita el dolor en las extremidades, así como también disminuye los niveles de colesterol y fortalece las actividades pulmonar y cardíaca.

El estilo de música tiene mucho que ver
Además de los beneficios detallados por bailar, se sabe también que cada subgénero de música tiene una relación diferente en el cerebro de quiénes la escuchan.

  • El Hard Rock permite quitar la angustia y el dolor, que olvidemos los problemas, mejoremos los ánimos, reduzcamos el estrés y “seguir adelante”.
  • La música clásica hace que las personas estén más tranquilas y concentradas (una terapia muy interesante consiste en que las mujeres embarazadas escuchen Mozart o Vivaldi para que su bebé sea más calmado al nacer). Además fomenta hábitos de aprendizaje, nos hace más inteligentes y razonables.
  • La música romántica estimula la hormona “del amor”, conocida científicamente como oxitocina. Abre los sentimientos y la excitación, permite que una persona se sienta más confiada de si misma al tener una cita.
  • El “Metal” aumenta la producción de las hormonas calmantes y estimulantes de una manera especial, ya que el cerebro recibe como si fuera una “explosión de energía” y al terminar de escuchar esos compuestos se disuelven y nos permiten sentirnos más reflexivos o nostálgicos.
  • El Hip Hop y la música electrónica tienen efectos similares en el cuerpo, ya que estimulan la producción de hormonas “energéticas”, hacer actividad constante, ejercitar, moverse más rápidamente, etc.
  • La música Disco y la Pop fomentan la alegría y el gozo, nos permiten perder los miedos, tomar coraje para hacer lo que queramos, disfrutar del momento y no sentir vergüenza.
  • Por último, el jazz y el blues son sinónimo de liberación espiritual, pero a través de la tristeza y la angustia. Igualmente tienen buenos efectos ya que agudiza los sentidos, permite la seducción, tranquiliza la mente, libera las tensiones, fomenta la sinceridad y la serenidad.

Así que ya lo sabes, para cada sensación, una canción. Y para entrenar el cerebro, un poco de baile

Fuente: LaMenteEsMaravillosa

Programar el cerebro para sanar

cerebroEl bioquímico y estudioso del funcionamiento cerebral Joe Dispenza defiende el poder de esta parte del ser humano para reinventarse cada día. Habla de química, de física, de hábitos, de reprogramación y de una inteligencia superior que tanto le da denominar divina, espiritual o subconsciente.

Cree en la capacidad de construir y conducir el propio cerebro y a través de él influir en el cuerpo basándose en su experiencia personal y en la observación de enfermos con remisiones espontáneas.

He entrevistado a cientos de personas que han sido diagnosticadas con enfermedades –tumores malignos y benignos, enfermedades cardiacas, diabetes, alteraciones respiratorias, hipertensión arterial, colesterol alto, dolores musculoesqueléticos, raras alteraciones genéticas para las que la ciencia médica no tiene solución…–, pero cuyo cuerpo se ha regenerado por sí solo sin la ayuda de una intervención médica convencional, como la cirugía o los fármacos.

Observé que una de las causas principales de esas remisiones espontáneas era que habían cambiado su forma de pensar, así que volví a la universidad e hice la carrera de neurociencias para poder explicar qué es lo que ocurría. Cuando afirmo que nuestros pensamientos se convierten literalmente en materia, me baso en la más pura vanguardia científica.  Básicamente, esos individuos cambiaron la arquitectura neurológica de su cerebro.

Todas esas personas que tenían una remisión espontánea compartían cuatro cualidades específicas.

  • Lo primero es que todas aceptaron, creyeron y entendieron que había una inteligencia superior dentro de ellos, da igual si la calificaban de divina, espiritual o subconsciente.
  • Lo segundo es que todas aceptaron que fueron sus propios pensamientos y sus propias reacciones las que crearon su enfermedad, y puedo hablar y citar estudios sobre cualquiera de estos temas durante media hora. Hay un floreciente campo científico llamado psiconeuroinmunología que demuestra la conexión existente entre la mente y el cuerpo.
  • La tercera característica común es que cada persona decidió reinventarse a sí misma para llegar a ser otro, y los estudios actuales en neurociencias muestran que esto es totalmente posible.
  • Por último, tenían en común que durante el periodo en que intentaban meditar o imaginar en qué querían convertirse, hubo tiempos largos en que perdieron la noción deltiempo y el espacio.

Se trata de la misma inteligencia que organiza y regula todas las funciones corporales. Esta fuerza hace que nuestro corazón lata ininterrumpidamente unas cien mil veces cada día sin que nosotros pensemos siquiera en ello, y se encarga de las sesenta y siete funciones del hígado, aunque la mayoría de la gente ni siquiera sabe que ese órgano realiza tantas tareas. Esta inteligencia sabe cómo mantener el orden entre las células, los tejidos, los órganos y los sistemas corporales, porque ha sido ella quien ha creado el cuerpo a partir de dos células individuales.

Básicamente, más allá de mis estudios sobre las remisiones espontáneas de enfermedades, lo que intento transmitir es que nuestros pensamientos provocan reacciones químicas que nos llevan a la adicción de comportamientos y sensaciones y que cuando aprendemos cómo se crean esos malos hábitos, no sólo podemos romperlos, sino también reprogramar y desarrollar nuestro cerebro para que aparezcan en nuestra vida comportamientos nuevos.

La investigación científica de vanguardia está mostrando que la genética tiene la misma plasticidad que el cerebro. Los genes son como interruptores, y es el estado químico en que vivimos el que hace que algunos estén encendidos y otros apagados. Se ha realizado un estudio muy interesante en Japón con enfermos dependientes de la insulina, con diabetes tipo dos, que mostraba cómo los enfermos sometidos a programas de comedia normalizaban su nivel de azúcar en sangre sin necesidad de insulina. Veinticuatro genes activados sólo por el hecho de reírse. Los genes son igual de plásticos que nuestro tejido neuronal.

Estas sustancias a su vez son señales que nos permiten sentir exactamente cómo estábamos pensando. Así que si tienes un pensamiento de infelicidad, al cabo de unos segundos te sientes infeliz. El problema es que en el momento en que empezamos a sentir de la manera en que pensamos, empezamos a pensar de la manera en que nos sentimos, y eso produce aún más química, así se crea lo que llamamos el estado de ser. La repetición de estas señales hace que algunos genes estén activados y otros apagados. Memorizamos este estado como nuestra personalidad, así que la persona dice: “Soy una persona infeliz, negativa, o llena de culpa”, pero en realidad lo único que ha hecho es memorizar su continuidad química y definirse como tal.

La mayoría de las personas cree que las emociones son reales. Las emociones y los sentimientos son el producto final, el resultado de nuestras experiencias. Si no hay experiencias nuevas o vividas de otra manera, vivimos siempre en la actualización de sentimientos pasados. Se trata del mismo proceso químico vez tras vez. Una pregunta que ayudaría a cambiarnos es: ¿qué sentimiento tengo cada día que me sirve de excusa para no cambiar? Si las personas empiezan a decirse: yo puedo eliminar la culpa, la vergüenza, las sensaciones de no merecer, de no valer…; si podemos eliminar esos estados emocionales destructivos, empezamos a liberarnos, porque son estos estados emocionales los que nos impulsan a comportarnos como animales con grandes almacenes de recuerdos.¿Cuál es el mayor ideal de mí mismo? ¿Qué puedo cambiar de mí mismo para ser mejor persona? ¿A quién en la historia admiro y qué quiero emular?

fuente: sanazion.com

 

los hábitos más perjudiciales para el cerebro

cerebroIIUn estudio de la Organización Mundial de la Salud (OMS), publicado por el sitio Ser Médico del Sindicato Médico del Uruguay (SMU) enumera los 11 hábitos cotidianos que pueden afectar el cerebro y su rendimiento. 

1. No desayunar: no ingerir buenos alimentos al comenzar el día reduce el azúcar y las proteínas, que son nutrientes necesarios para que el cerebro inicie su trabajo en las primeras horas.

2. Cubrirse la cabeza al dormir: Taparse el rostro con una almohada, aumenta la concentración de dióxido de carbono en el cerebro y perjudica su funcionamiento.

3. Consumir muchos azúcares: esto interrumpe la absorción de proteínas y si el cuerpo no consume los nutrientes correctamente, se ve afectado el desarrollo del cerebro.

4. Falta de actividad física: el ejercicio ayuda a mantener saludable y con buen funcionamiento no sólo al cuerpo, sino también al cerebro. Puede cambiar su estructura y funcionamiento.

5. Dormir poco: esto es porque el sueño aumenta la reproducción de células que participan en la formación de mielina, un material aislante en las proyecciones de las células nerviosas dentro del cerebro.

6. Forzar el cerebro cuando se está enfermo: trabajar o estudiar mucho cuando uno está enfermo es dañino, provoca disminución en la eficacia del cerebro a largo plazo.

7. Fumar: el hábito afecta a toda la salud, pero además la exposición al cigarro en lugares cerrados por más de una hora tiene efectos en el sistema nervioso central.

8. Abusar de alimentos: luego de permanecer un tiempo a dieta se activan genes ligados a la longevidad y al buen funcionamiento del cerebro.

9. Ser solitario: la corteza prefrontal sobre los ojos es más grande cuanto aumenta el número de amigos.

10. Medio ambientes contaminados: si el cerebro está mucho tiempo en lugares contaminados, disminuirá el suministro de oxígeno al cerebro y habrá una deficiencia en el órgano. 11. Reacciones violentas y estrés: causan endurecimiento de las arterias del cerebro. Si se fortifican, la capacidad mental disminuye.

Fuente: ElComercio.com

Javier de María

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